“La más segura ruta para la soledad, es indudablemente seguir el camino
de la vanidad”
Marco A. Rivera López
Amigos, con el problemas de los "huevos" en boga, les comparto esta reflexión que hace un tiempo escribí y compartí con unos grandes amigos.
Esta inquietud surge tras pensar con
intención y profundidad sobre los “continuados”, amplísimos y publicitados
actos de violencia ocurridos en nuestro país en fechas recientes, así como en
las acciones anónimas, y diarias que acongojan, a la sociedad, en general y al
ciudadano en particular; no es un reclamo al gobierno, o a nosotros mismos como
humanidad; por lo menos un servidor, ya está harto de leer y escuchar quejas
fugaces, pero sin seguimiento, no es mi intención; mi objetivo, tampoco es
compartir alguna propuesta de solución, tan solo con intentarlo, pecaría de
ingenuo, no, no lo soy; más bien, quisiera externar mi más humilde sentimiento,
sin otra pretensión más.
Los actos pecaminosos, no son más que actos
instintivos del ser humano, que hasta podríamos llamar, ¿por qué no?
comportamientos naturales; no obstante, como bien sabemos, todo exceso se
aparta de lo natural, pues los animales, tras saciar su sed atávica, retornan a
su lucha diaria por sobrevivir, los instintos garantizan la supervivencia; así
pues, los actos pecaminosos, distorsionan a la naturaleza, ya que, la mayoría
de las veces, no persiguen la conservación de la vida, sino una burda manera de
satisfacción personal (gozo, placer); lo que conduce inevitablemente a la descomposición
individual y social.
No me asusta, tengo bases y principios, de
hecho, aplaudo tanta apertura de la mente humana, viva la evolución y los
placeres de la tecnología; pero, mi preocupación estriba, que en aquellos que no
podamos cumplir los deseos y apetitos inducidos artificialmente por el
consumismo absurdo, de por sí, provocan estímulos instintivos, genera rabia, inseguridad
y baja estima; en cambio, quien lo consigue, demuestra su supuesta valía
económica, la que se trasforma indefectiblemente en discriminación a quien no
está a su altura.
Esta provocación a la ética y a la moral,
contribuye a que el hombre que posea, intenté consumir y “tener” aún más, como
si la vida dependiese de ello; se pierde la noción de lo que realmente son las
necesidades básicas; explotamos todos los recursos para la satisfacción de
aquellos que los pueden conseguir, dejando a un lado, a los que no lo hacen; en
resumen, el problema ya no es consumir, sino consumir por consumir, sin ninguna
otra causa que elevar el estatus económico, lo que apareja, una desigualdad
absoluta, pues quienes de verdad necesitan “algo”, no lo consigue por el voraz
apetito de lo que llamo: “instinto atávico inducido”.
Se dice que la depresión es el mal del milenio,
pero yo no concuerdo con tal afirmación, más bien, la depresión es un resultado
de nuestra lamentable realidad, la gente se deprime por no conseguir aquello
que le han impuesto desear; tal
depresión, lleva a la soledad, puesto que inhibe el sentido de pertenencia, o
en el peor de los casos, segrega de la participación social.
A mi gusto, los verdaderos males del milenio son
la vanidad y el egoísmo, ambos son uno; el primero de ellos, lo conocemos como el
“vicio social” permisible; es vicio porque arrastra una excesiva afición a
algo, especialmente perjudicial, es permisible, ya que, como hemos señalado en
párrafos superiores, es alimentado por el absurdo consumismo que no deja ver su
verdadero rostro; el segundo, es el inmoderado amor por uno mismo, que hace
pensar sólo en el interés personal y el que, necesariamente obliga a ser
indiferentes hacia otros, y preocuparnos solamente por los asuntos personales.
Esos son los males a vencer, esos son los males que
conducen a la depresión, al aislamiento, a la soledad, y por ende a las
reacciones, que en un primer momento las podríamos considerar como
irracionales, pero que tienen sus raíces muy arraigadas y profundas en estos
padecimientos sociales.
Tales dolencias son meras imperfecciones del
corazón y de la inteligencia, que producen una desigualdad y rompen con el
equilibrio social. Lo extraño de ello, es que, manejamos una doble moral,
condenamos públicamente el excesivo egoísmo y vanidad, cuando en lo más
recóndito de nuestro ser palpitan, hierven, sino, no habría mayores ultrajes,
no lo permitiríamos.
La pregunta que me surge aquí es la siguiente:
¿qué tan comprometidos estamos con acabarlas, si nosotros mismos somos los
primeros en vernos infectados por sus nefastos tentáculos; será qué ¿únicamente,
nos damos golpes de pecho, simulando combatirlas?
¡Claro! El mal está muy enraizado, difícil, pero
no imposible es su combate, estimados lectores, está en usted, está en mí, está
en cada uno de nosotros atacarlo, ¿cómo?, siendo empáticos con nuestros
semejantes, ahí radica nuestra principal espada, la unión; por ejemplo, habrá
artículos a los que le suben excesivamente los precios, con lo que no toda la
población podrá comprarlos, en ese sentido, si usted puede pagar su precio,
antes pregúntese:
¿Por qué razón lo va adquirir? ¿Por qué está de
moda, se ve in? ¿Porque en su círculo social todos lo tienen? ¿Qué tan
necesario le es realmente? ¿Por qué va pagar un precio elevado? Aunque tenga el
recurso, es injusto.
Ahora trasládese por un momento, en las
circunstancias de aquella persona que no puede pagar el bien, ¿qué sentirá éste
al no conseguirlo?
Si un boleto de cine, es caro, ¿por qué lo
compra?; si un automóvil último modelo, también es caro, ¿por qué lo compra?,
pudiendo adquirir uno a precio más accesible, ¿por ufanarse ante los demás?
Señores necesitamos unidad y cohesión social, si
la leche sube, no la compre, SI EL HUEVO ENCARECE, o el frijol suben, no los adquiera, si el gas
aumenta, no pague; mejor organícese y exija, no se deje influenciar por el
esnobismo televisivo, no lo permita, solidarícese con su gente, con su pueblo.
¡Aún es tiempo!

Muy cierto, el egoísmo es lo que nos agobia actualmente.
ResponderBorrarMaldito consumismo desmedido¡¡¡
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