Estimados
amigos en esta ocasión transcribiremos un texto teológico muy interesante,
escrito por Baruch o Benedictus
de Spinoza, quien fue un filósofo neerlandés de origen sefardí portugués, considerado
uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII; centra su filosofía en la
identificación de Dios con la naturaleza (Deus
sive natura) y representa el mayor exponente moderno del panteísmo.
Decía que la mente humana conoce sólo dos atributos o formas de aparecer
de Dios, el pensamiento y la extensión, que al juntarse dan tres (substancia),
cuyos atributos son infinitos.
Uno de sus más grandes aportaciones es un texto denominado “Lo que te
diría Dios”, en el resuelve el problema cartesiano de la relación entre
pensamiento y extensión, ya que las identifica como meras formas en que se
presenta la sustancia divina; también dirime el milenario conflicto entre
libertad y necesidad, al externar que el hombre es libre como natura naturans (en cuanto causa) y
determinado en cuanto natura naturata
(en cuanto efecto). O sino compruébenlo ustedes mismos:
Este
es el Dios o Naturaleza de Spinoza:
Dios hubiera dicho:
"Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja
ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti
o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
El
sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu
éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho
creer.
Deja
ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver
conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus
amigos, en los ojos de tu hijito...
¡No
me encontrarás en ningún libro!
Confía
en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi trabajo?
Deja
de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me
molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
Deja
de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice. Yo te llené de
pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de
incoherencias... De libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que
yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te
hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se
porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios loco puede hacer
eso?
Olvídate
de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son
artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.
Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para tí. Lo único que te
pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te
he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni
virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres
absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno. No te podría
decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como
si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única
oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
Así,
si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo
hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy
a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste?...
¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Que aprendiste?...
Deja
de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en
mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu
amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas
en el mar.
Deja
de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Me aburre que me
alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo
cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado,
sobrecogido?...
¡Expresa
tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
Deja
de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca
de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está
lleno de maravillas. ¿Para qué
necesitas más milagros? ¿Para qué tantas
explicaciones?
No
me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en
ti.
Spinoza

Comentarios
Publicar un comentario