En relación con el llamado “día de la
raza”, y tras ver el documental “Patria
en peligro”, reflexioné en dos aspectos muy importantes para mí, el
primero, la sorpresa que me causó saber que el país más poderoso del mundo, aún
tenga dentro de sus habitantes a nativos del lugar, pertenecientes a tribus
como penohscot, cheyenne, navajo y gwich´in, aunque únicamente sean el 4% de la
población; y el otro, la terrible verdad que viven, que sus recursos naturales
están en peligro, su forma de vida y cultura, también; el gobierno de ese país,
utiliza muy bien la cita: “los platos sucios se lavan en casa”, ya que, muy
pocas personas conocen la realidad de esa minoría que, aún viviendo en el mismo
territorio, gozando –supuestamente- de las mismas garantías que ofrece ese
suelo de libertad y democracia que es Estados Unidos de Norteamérica, es más,
siendo también ciudadanos estadounidenses, los intereses económicos quieran
violentar sus ancestrales tierras para explotar los recursos naturales que en
ellas se asientan, sin que el gobierno en turno los apoye, de hecho, son
discriminados.
Por otro lado, visualicé en el video
de referencia, dos problemáticas en boga, el imparable deterioro medioambiental
motivado, en la mayoría de los casos, por una mala praxis de la actividad
industrial y un vacío legal en materia de medioambiente; así como la
insensibilidad del gobierno en materia de la composición pluricultural de los
diversos pueblos indígenas que descienden de poblaciones que habitaban en el
territorio actual de ese país, para que conserven sus propias instituciones
sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
Comencemos; el derecho al medio
ambiente sano, pertenece a la tercera generación de los derechos humanos; según
la propuesta formalizada por el jurista checo Karel Vasak, inspirado en los
ideales de la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad, sobre los
cuales se orienta la construcción de un Estado Social de Derecho cuya
responsabilidad es la de proveer los bienes y servicios públicos básicos a sus
habitantes con el fin de garantizarles un nivel de vida digno y respetable; así
como que asegure salud y el bienestar.
En América Latina, y/o México,
particularmente, estamos muy lejos de llegar, o pensar en llegar a una
protección adecuada a nuestro medio ambiente; siempre supuse que los grandes
intereses económicos y la innegable dependencia que tenemos con los Estados
Unidos de Norte América, era la causa fundamental de tal situación, -y lo es-;
después de analizar el video patria en peligro, mi perspectiva no cambió mucho,
lo que si me dejó confuso, fue saber, que en su miso suelo patrio, intenten
cometer esas atrocidades ambiéntales, siendo que, en las noticias y charlas,
estamos acostumbrados a señalar con el dedo, que el gobierno de ese país haga exactamente
lo mismo –es decir atrocidades ecológicas- y hasta guerreas, pero en territorio
foráneo, para allegarse de recursos naturales a expensas del medio ambiente o
muerte de personas en tierras lejanas como el caso del petróleo en Irak, y
otros ejemplos.
No quiero expiar las culpas que
nuestros gobiernos asumen al permitir llevar a cabo esas explotaciones en
nuestros países, lo que quiero dejar en claro, es que la ambición de esos
intereses también permean dentro del territorio del gigante, del imperio, donde
se supone hay garantías; vemos pues, que a esos individuos no les importa el
lugar donde se encuentren, lo único que les concierne es la ganancia que
tendrán.
Por ello, como en varios sitios del
mundo, hay personas que defienden esa tierra, ese recurso natural, que les
proveyó y les provee sustento, y no solo a un grupo determinado de personas si
no al planeta tierra en sí mismo; es el caso de los indios penohscot, librando
una batalla para que el agua del río no sea más contaminada por las grandes
fábricas de papel; de hecho, apenas me di cuenta de lo caro que es para el
medio ambiente la producción de una simple hoja de papel blanco; desde hoy,
trabajaré lo menos posible con ese insumo, puesto que la dioxina es
verdaderamente lacerante; los cheyenne, que intentan detener el avance de las
minas de carbón, cuyos residuos a la postre, reducirán a desierto las planicies
de Montana.
Sobre esta tribu en particular, me
conmovió el hecho de que, fueron obligados a asentarse en el sitio actual para
segregarlos; empero, hoy día esas tierras son una beta de oro en materia
energética, lo que ocasiona que sean vistos como una aporía para el desarrollo
de la zona, y que sean discriminados por tratar de defender el medio ambiente,
no solo para la salud de ellos, sino de los propios vecinos.
Situación similar acontece con los
navajos de Nuevo México, en el sentido de que tratan de impedir la instauración
de otra mina de uranio, que de concretarse, conduciría a graves trastornos de
salud a la población. Finalmente, los gwi´chin de Alaska, resisten al embate de
las grandes petroleras, en su contumacia en abrir otra plataforma para la
explotación del crudo.
La similitud de estos grupos, es que
todos son descendientes de los primeros pobladores de esos sitios, quienes en
su momento fueron despojados por el proceso de la colonización, a tal grado que
muchos de ellos, desgraciadamente, se extinguieron y al mismo tiempo se perdió
una basta cultura; es mas, la opinión que se tiene en general de los
estadounidenses, es su falta de cultura, que no comprende aspectos de
concomiendo, técnica o ciencia, sino de pertenencia, de cosmovisión; adolecen
de una identidad, la mayoría de ellos, son hijos de inmigrantes quienes a su
vez, traen su propia cultura y costumbres, con lo que se podría entender un
poco la existencia de algunos grupos intolerantes de derecha racistas en ese
país.
Con lo anterior, trato de exponer que
esos pueblos, en su momento vejados, aún siguen viviendo el proceso de
colonización, los siguen hostigando, maltratando, disgregando y porque no,
discriminando; de todos los aspectos que se ven de Norteamérica, muy poco nos
hablan de la situación de la población indígena de ese país, si no fuera por el
boom mediático de la trilogía –literaria- y hoy en día cinematográfica de
Crepúsculo, muchos de nosotros no supiéramos de la existencia de poblaciones
autóctonas norteamericanas.
Creo que los países latinoamericanos,
excluyendo el Uruguay, tenemos una gran ventaja dentro de la protección a los
derechos de nuestros indígenas, puesto que nuestros pueblos tienen una base
fundamental en los anteriores poseedores de las tierras en que nacimos, lo que
nos da una gran identidad, tal es el caso de México, Perú, Bolivia, y la gran
mayoría de los países de Centroamérica.
En México, por ejemplo, tenemos
consagrado en el artículo 2º de la Constitución , los derechos de los pueblos
indígenas, así como de la composición pluricultural; en tal numeral, se
reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la
libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para decidir sus formas
internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural;
aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus
conflictos internos; elegir de acuerdo con sus normas, procedimientos y
prácticas tradicionales, a las autoridades o representantes para el ejercicio
de sus formas propias de gobierno interno; preservar y enriquecer sus lenguas,
conocimientos y todos los elementos que constituyan su cultura e identidad;
conservar y mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus tierras en los
términos establecidos en la
Constitución ; al uso y disfrute preferente de los recursos
naturales de los lugares que habitan y ocupan las comunidades; entre otras
cosas.
Finalmente, no quiero desaprovechar la
oportunidad de comentar, que otro de los países de gran prosapia internacional,
nicho de libertades, protector de refugiados, y localizado también en Norte
América, me refiero a Canadá, tiene dos aspectos muy negativos, relacionados
con el tema de hoy, es decir derechos indígenas y medio ambiente; el primero,
del cual, casi nadie sabe mucho, es el llamado holocausto canadiense, o el
genocidio contra los pueblos aborígenes de Canadá: Nación Pacheedaht; Nación
Ahousat; Nación Cowichan; Nación Osoyoos; entre otras; un capítulo negro, que
hoy en día aún se está luchando por la reivindicación y reparación a las
familias de los agraviados de la que se encarga la Comisión de la Verdad del Genocidio en
Canadá.
Y el otro; es la cruel matanza de
focas bebés; cada año se extermina alrededor de unas 350.000 focas jóvenes
frente a la costa este de Canadá, otras miles quedan mutiladas o gravemente
heridas de por vida. Se supone que tal crueldad ya ha sido denunciada, pero
parece que esa práctica no tendrá fin; puesto que es un negocio sangriento que
espera transformarse en lujosos abrigos.
Como lo colofón, podría decir: “que
hasta las mejores familias sucede”.
Es cuanto… dicen?
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