Como varios de ustedes saben, las
fiestas decembrinas celebran un ciclo religioso-astronómico especialmente
asociado a la muerte y a la resurrección del Dios Hijo, cuyo simbolismo
contiene una mezcla de tradiciones “paganas” y cristianas que aún persisten.
Una de esas grandes tradiciones es el
relacionado con “Santa Claus”, y es en esta en la que ahondaremos.
La referida costumbre tiene su origen en
el culto cristiano por San Nicolás de Bari, quien fuera un obispo católico del
siglo IV d.c., y que sus milagros se relacionaron, desde sus inicios con los
presentes navideños; aunque, actualmente se le haya sustituido su hábito y
tocado obispal por un traje y gorro rojos, así como desterrado de su patria mediterránea
para enviarlo al polo norte.
Algunos de esos milagros es el haber
dotado a tres señoritas pobres para que se casaran, evitando con ello que su
padre las prostituyera, se cuenta que el santo arrojó monedas de oro por la chimenea
de su hogar, por casualidad, éstas entraron en las medias de las muchachas, lo
que proveyó a la actual leyenda del cariz relacionado a que el santo baja a
través de las chimeneas de las casas.
Igualmente, se le atribuye el
alimentar a los hambrientos y hacer liberar a presos inocentes, lo que
conseguía recurriendo a Constantino; pero sobre todo el de favorecer a los
niños, lo cual, ligado con la leyenda de las doncellas, afianza aún más la
tradición que en la actualidad bien conocemos.
Por cierto, como curiosidad, el nombre
Santa Claus se creó a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus
Bajo esa tesitura les comparto un
excelso poema navideño del I:.P:.H:.. Amado Nervo de 1919:
Jesús no vino del mundo de “Los cielos”.
Vino del propio fondo de las almas;
de donde anida el yo: de las regiones
internas del Espíritu.
¿Por qué buscarle encima de las nubes?
Las nubes no son el trono de los dioses.
¿Por qué buscarle en los candentes astros?
Llamas son como el sol que nos alumbra,
orbes, de gases inflamados… Llamas
nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas?
Globos son como el nuestro, iluminados
por una estrella en cuyo torno giran.
Jesús vino de donde
vienen los pensamientos más profundos
y el más remoto instinto.
No descendió: emergió del océano
sin fin del subconsciente;
volvió a él, y ahí está, sereno y puro.
Era y es un eón. El que se adentra
osado en el abismo
sin playas de sí mismo,
con la luz del amor, ese le encuentra.
Que linda poesia. Gracias por compartir
ResponderBorrarNo la conocía¡¡ Gracias. Ricardo Servent Hernández
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