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Aspiración falaz.



“¡Juventud divino tesoro, ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer”. Rubén Darío.

Estimados amigos, preocupado por la “leyenda urbana” que se ha enraizado en nuestro colectivo social, respecto de la vida de los narcotraficantes, que si bien, destaca su violencia y peligro; enfatiza también la idea incorrecta de que, estar en ese medio es una aventura, que se consigue dinero fácil, sexo, vino y “rock and roll”; un ejemplo de ello son los afamados narco corridos, en los que ponderan las actividades ilícitas de estos sujetos.

Sin embargo, debemos decir, que lo máximo para estas personas, como en toda actividad “empresarial” es, sin dudarlo, alcanzar la cima, ser los “jefes de jefes”, y no sólo quedarse siendo los peones y personajes secundarios.

De los primeros son los que hablan los corridos, los medios, el mundo; quién no ha escuchado hablar de “El Azul”, “La Barbie” o “El chapo”, esos son los “ejemplos” a seguir, lo que los jóvenes, que se embuten en ese mundo subterráneo idealizan. Es decir, “trabajan” por ser importantes.

En cambio sobre el “Pérez” que es sacrificado, que aparece mutilado, únicamente sabemos cuando las imágenes de los noticieros, o fotografías de la prensa escrita nos lo presenta, así sin más, ya fallecido; o en el mejor de los casos, dando un lamentable espectáculo, auspiciado por las autoridades, quienes los presentan como animales ante la opinión pública.

La intención de estas palabras es dar a conocer una realidad paralela; diría, distinta; como ustedes, tengo una ligera sospecha de que, el entorno de quien se encuentra enredado, en esa “hebra” sucia, del trasiego ilegal de estupefacientes, debe ser complicado y arriesgado.

Bajo ese contexto, en uno de los capítulos del libro denominado “Freakonomics” Steven Levitt y Stephen Dubner, nos revelan, que la generalidad de los pequeños traficantes de droga, mayores de edad o no, viven en casa de su madre. La explicación es muy simple, “para que los jefes se ganen muy bien la vida, los camellos deben vivir con salarios miserables”.

Las personas que eligen ese camino, acceden “subsistir” de ese modo, ya que su expectativa no es simplemente prosperar, e incrementar su calidad de vida, sino convertirse un día en el líder del cartel. Ser el jefe, “en vez del jefe.”

En la sociedad de los narcotraficantes, al final todos quieren alcanzar lo más alto o, al menos, vivir como creen que debería vivir aquel para el cual “trabajan.”

Esta “esperanza” de vida, comienza a surgir, casi siempre, en edades que oscilan entre 13 a 17 años. Me refiero a niños transformándose en jóvenes, quienes solos, tratan de madurar en ese ambiente, sin reglas y con una meta en particular; al crecer, al llegar a la edad “adulta” 20s, 30s y hasta 40s, conseguir su objetivo sigue siendo su razón de ser, con lo que pierden sus mejores años, enviciados en esa efímera trama.

Si bien, el tratar en ayudar a niños camino hacia la edad adulta, es un trabajo arduo, es más doloroso verlos morir o verlos sin la preciada libertad, por eso hay que tener en cuenta la nociva influencia que ejercen los factores socioeconómicos, no sólo en los chicos, sino en todos nosotros.

La respuesta, como siempre he insistido, está en la educación, en crear buenos hábitos en los pequeños, los que darán continuidad a los valores, a la ética, a la conciencia y al autogobierno.

Es cuanto…



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